documentos de pensamiento radical

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martes, 23 de enero de 2018

¿Por qué estudiar tanto si vamos a morir?

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Ana María, una niña colombiana de nueve años, pregunta a su madre –a quien ve a menudo enredada entre libros, encerrada con libros--: “Pero ¿por qué estudian ustedes tanto si todos nos vamos a morir?”

¡Es una pregunta importantísima! ¿Qué hacemos frente a la muerte y el sinsentido, frente al abismo de la condición humana? Pierre Bourdieu, por ejemplo, diría: luchamos contra la muerte simbólica. El gran sociólogo francés parte del sinsentido originario que caracteriza la condición humana. Las sociedades humanas intentan “desprenderse del sentimiento de la insignificancia de una existencia sin necesidad”:[1] la producción social de sentido se realizaría a través de los juegos de distinción entre las personas y los grupos, en la búsqueda de reconocimiento por parte de los demás. Bourdieu, cercano a Pascal, analiza esta búsqueda de reconocimiento como una “ficción social” que sitúa artificialmente en su centro el “ser percibido”: aquí no estaríamos tampoco lejos de denuncia de la Mentira Social por parte del poeta anarquista Kenneth Rexroth.

Qué hacemos con la muerte (con nuestra finitud y mortalidad) acaba definiendo, en muy alta medida, cómo vivimos –personal y colectivamente. Gabriel Albiac lo plantea con mucha crudeza en una entrevista que ya cité en un capítulo anterior de este libro: “Un bicho que es mortal y que, al mismo tiempo, lo sabe, cómo demonios se las apaña para no exterminar a todo lo que hay alrededor”…[2] Bueno, una posible respuesta sería: hacemos filosofía, hacemos religión, hacemos arte… “Todo nuestro arte es una captación de la muerte y una protesta contra la muerte. En el mismo momento en que el hombre adquiere conciencia del tiempo, que es el sendero hacia la muerte, adquiere conciencia de la necesidad de rebelarse contra él. El arte, con sus distintas máscaras, es el fruto de esta rebelión”, señala Rafael Argullol.[3]






[1] Pierre Bourdieu, Méditations pascaliennes, Seuil, París 1997, p. 283.
[2] Gabriel Albiac (en una entrevista en Filosofía Hoy 50, invierno de 2015-2016, p. 12) recomienda releer los escritos de Freud entre 1914 y 1920. https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-76765/ALBIAC.pdf
[3] Rafael Argullol entrevistado por Carlos Javier González Serrano, publicado en el blog El vuelo de la lechuza, 26 de mayo de 2014; http://apuntesdelechuza.com/2014/05/26/entrevista-a-rafael-argullol-todo-nuestro-arte-es-una-captacion-de-la-muerte-y-una-protesta-contra-la-muerte/





 En: Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017

lunes, 22 de enero de 2018

¿VIVIR COMO BUENOS HUÉRFANOS? ENSAYOS SOBRE EL SENTIDO DE LA VIDA EN EL SIGLO DE LA GRAN PRUEBA de JORGE RIECHMANN (I)



[1] Sobre esto ha vuelto Amador Fernández Savater en un texto notable: “En los años setenta, el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini propuso pensar el conflicto político como una disputa fundamentalmente antropológica: entre diferentes modos de ser, sensibilidades, ideas de felicidad. Una fuerza política no es nada (no tiene ninguna fuerza) si no arraiga en un ‘mundo’ que rivalice con el dominante en términos de formas de vida deseables. Mientras los ‘hombres políticos’ de su tiempo (dirigentes de partido, militantes de vanguardia, teóricos críticos) miraban hacia el poder estatal como el lugar privilegiado para la transformación social (se toma el poder y desde arriba se cambia la sociedad), Pasolini advertía –con sensibilidad poética, esto es, sismográfica– que el capitalismo estaba avanzando mediante un proceso de homologación cultural que arruinaba los ‘mundos otros’ (campesinos, proletarios, subproletarios) contagiando los valores y modelos del consumo ‘horizontalmente’: a través de la moda, la publicidad, la información, la televisión, la cultura de masas, etc. El nuevo poder no emana, irradia o desciende desde un lugar central, sino que se propaga ‘indirectamente, en la vivencia, lo existencial, lo concreto’, decía Pasolini.

En el vestir y en los andares, en la seriedad y las sonrisas, en la gesticulación y los comportamientos, el poeta descifraba los signos de una mutación antropológica en marcha: la revolución del consumo. Frenarla desde el poder político sería como tratar de contener una inundación con una manguera. No es posible imponer otros contenidos o finalidades a un mismo marco de acumulación y crecimiento. Es más bien al revés: el modo de producción-consumo será el que determine los márgenes del poder político. Una civilización sólo se para con otra. Son necesarios otros vestires y otros andares, otra seriedad y otras sonrisas, otra gesticulación y otros comportamientos. La disputa política (la que no es simple juego de tronos) expresa un ‘desacuerdo ético’ entre diferentes ideas de la vida o, mejor, de la vida buena. No ideas que flotan por ahí o se enuncian retóricamente, sino ideas prácticas encarnadas, materializadas, inscritas en los gestos y los dispositivos más cotidianos (Facebook, Uber o Airbnb son figuras del deseo, de ahí su fuerza).” Amador Fernández Savater, “Una vida que se basta a sí misma: la revancha de los valores del sur”, eldiario.es, 30 de junio de 2017; http://www.eldiario.es/interferencias/capitalismo-crisis-revolucion_cultural_6_660094029.html




En: Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017

domingo, 21 de enero de 2018

ROY SCRANTON SOBRE CRISIS ECOSOCIAL, DEBACLE CLIMÁTICA, NIHILISMO Y CONSTRUCCIÓN DE SENTIDO:


La mayor ventaja evolutiva de la humanidad ha sido su tendencia a crear sentido colectivo. Ese impulso es tan ingenioso como implacable, y puede hallar la manera de dar sentido a la desesperación, la depresión, la catástrofe, el genocidio, la guerra, el desastre, las plagas e incluso las humillaciones de la ciencia.
Nuestra tendencia a crear sentido es lo suficientemente poderosa como para volver el nihilismo contra sí mismo. Como escribió Friedrich Nietzsche, uno de los filósofos occidentales más incisivos y que mejor diagnosticó el nihilismo, a finales del siglo XIX: "El hombre prefiere querer la nada a no querer". Este denso aforismo se basa en una de las ideas centrales de su filosofía, hoy tan aceptada que casi resulta irreconocible: que los seres humanos construyen su propio sentido de la vida. En este sentido, no hay ninguna verdad moral última, trascendente; o, como explicaba Nietzsche en uno de sus primeros ensayos, Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral, la verdad no es más que "un dinámico tropel de metáforas, metonimias y antropomorfismos". Si somos capaces de tolerar el vértigo moral que podría inducir esta idea, también podemos observar que no es necesariamente nihilista y, bajo la luz adecuada, interpretarla, más bien, como testimonio de la resiliencia humana.
La capacidad humana para crear sentido es tan versátil, tan poderosa, que puede hacer tolerable casi cualquier existencia, incluso una vida de interminable sufrimiento, siempre que esa vida esté anudada en la trama de una historia más grande que le dé sentido. Los humanos hemos sobrevivido y florecido en algunos de los lugares más inhóspitos de la tierra, desde los desiertos de Arabia hasta los campos helados del Ártico, gracias a esta capacidad para organizar colectivamente la vida en torno a constelaciones simbólicas de sentido: anirniit [almas no humanas], capital, yihad. "Quien tiene un porqué para vivir", escribió Nietzsche, "puede soportar casi cualquier cómo".
Cuando escribió "[e]l hombre prefiere querer la nada a que no querer", Nietzsche estaba sacando a la luz el lado destructivo de la tendencia humana de crear sentido. Ese impulso es tan poderoso, dice Nietzsche, que abocados al precipicio del nihilismo, encontraríamos un sentido en la autoaniquilación antes de elegir una vida desnuda carente de él. Esta idea fue atrozmente confirmada por el Götterdämmerung de la Alemania nazi, y vuelve a serlo con cada nuevo ataque suicida perpetrado por terroristas yihadistas, pero también aquí en Estados Unidos con nuestra deliberada y destructiva política del odio. (…)
(…) El programa filosófico positivista de Nietzsche, lo que el llamaba la "gaya ciencia" consistía en crear las condiciones que posibilitaran un ser humano capaz de darse cuenta de que nuestra tendencia a crear sentido carece de sentido, sin por ello dejar de afirmar la existencia humana, un ser humano que pudiera aprender el amor fati (…). Hoy, con nuevos peligros desatándose cada hora a causa de las guerras y la crisis climática, desearíamos poder estar en el lugar de Nietzsche. Después de todo, él solo tuvo que hacer frente a la muerte de Dios, mientras que nosotros tenemos que hacer frente a la desaparición de nuestro mundo. El peligro acecha por todas partes, de las vanas ilusiones de esperanza a la ferocidad de la reacción, del desaliento de la desesperanza a la promesa de destrucción.
Estamos ante un precipicio de aniquilación que Nietzsche no hubiera podido siquiera imaginar. No hay esperanzas fundadas de que seamos capaces de reducir la velocidad del calentamiento global antes de alcanzar el punto de vuelco. Ya estamos un grado Celsius por encima de las temperaturas preindustriales y se está cociendo medio grado más. La barrera de hielo de la Antártida Occidental se está desmoronando, Groenlandia se está derritiendo, el permafrost de todo el mundo se está licuando y se han detectado emisiones de metano en el lecho marino y los cráteres siberianos: probablemente ya es demasiado tarde para detener estas fuentes de retroalimentación, lo que significa que probablemente ya es demasiado tarde para detener el apocalíptico calentamiento planetario. Entre tanto el mundo se desliza hacia un caos sangriento y lleno de odio, como si estuviésemos en el último acto de una tragedia shakesperiana especialmente inquietante.
Aceptar nuestra situación podría confundirse fácilmente con el nihilismo. En una nación [EEUU] fundada sobre la esperanza, construida con el arrojo yankee del "podemos hacerlo", y deslumbrada por sus prodigios tecnológicos, la sola idea de que pudiera haber algo más allá del alcance de nuestro poder, o de que los seres humanos tienen límites, roza la blasfemia. A la derecha y a la izquierda, millones de estadounidenses creen que todos los problemas tienen solución; insinuar lo contrario provoca una profunda y a menudo hostil resistencia. No es que aceptar la verdad de nuestra situación signifique pensar algo equivocado, sino que significa pensar lo impensable.
Y, sin embargo, es justo en este momento de crisis cuando nuestra tendencia humana a crear sentido reaparece como nuestra única salvación... si queremos reflexionar de manera consciente sobre las distintas formas de dar sentido a nuestra vida: sobre cómo decidimos lo que es bueno, cuáles son nuestras metas, por qué vale la pena vivir o morir, qué hacemos cada día, a diario, y cómo lo hacemos. Porque si es verdad que somos nosotros quienes damos sentido a nuestra vida y no la sabiduría revelada que nos otorgaría Dios, el Mercado o la Historia, entonces también lo es que albergamos dentro de nosotros el poder de cambiar nuestras vidas –totalmente, completamente–, cambiando el sentido de las mismas. Nuestra necesidad de crear sentido es más poderosa que el petróleo, el átomo y el mercado, y es cosa nuestra aprovechar ese poder para asegurar el futuro de la especie humana.
No podemos hacerlo aferrándonos a la ideología del progreso continuo, de la búsqueda de beneficios y del la-tecnología-lo-arreglará del capitalismo fosilista. No podemos hacerlo intentando controlar el futuro. Tenemos que aprender a dejar morir nuestra actual civilización, a aceptar nuestra mortalidad y a practicar la humildad. Necesitamos trabajar juntos para transformar un orden global cuyo sentido último es la acumulación en otro que reconozca la importancia de los límites, la transitoriedad y la contención.
Y lo que es más importante, necesitamos dejar de defender y proteger nuestra verdad, nuestra visión, nuestros valores occidentales, y entender que la verdad no se encuentra en una única perspectiva sino en su multiplicidad, no está en un punto de vista sino en el conjunto, no se halla en las partes enfrentadas sino en el todo. Tenemos que aprender a mirar no solo con ojos occidentales, sino con ojos musulmanes y con ojos inuit; no solo con ojos humanos sino con ojos de reinita caridorada [Setophaga chrysoparia], de salmón plateado, de oso polar; y no solo con los ojos sino con el salvaje y escasamente articulado ser de las nubes, los mares, las rocas, los árboles y las estrellas.
Nacimos la víspera de lo que puede ser la mayor catástrofe de la humanidad. Ninguno de nosotros eligió esto, no de manera deliberada. Ninguno de nosotros puede hacer por evitarlo. Algunos incluso sobrevivirán. El sentido que transmitamos al futuro dependerá de lo bien que recordemos a quienes nos precedieron, de lo sabia y cuidadosamente que seamos capaces de deshacernos del ruinoso modo de vida que nos está destruyendo actualmente, y de lo conscientemente que seamos capaces de afianzar nuestro papel como artífices del futuro que nos espera.
Aceptar la fatalidad de nuestra situación no es nihilismo, sino un primer paso necesario para fraguar una nueva forma de vida. Entre la autodestrucción y rendirse, entre querer la nada y no querer, hay otra opción: querer nuestro destino. Autoconstrucción consciente. Se lo debemos a las generaciones cuyo futuro hemos quemado y gastado para hacer un puente, ser un puente, para conectar las distintas tradiciones humanas de creación de sentido con los supervivientes, los hijos del Antropoceno, que construirán un nuevo mundo entre nuestras ruinas.

Roy Scranton: “Estamos condenados. ¿Qué hacemos?”, en el blog de Sara Plaza y Edgardo Civallero, 14 de septiembre de 2016. Publicado originalmente a finales de diciembre de 2015 en la sección de opinión de The New York Times bajo el título “We're Doomed. Now What?” http://civalleroyplaza.blogspot.com.es/2016/09/estamos-condenados-que-hacemos.HTML
Este artículo da idea de la orientación de su libro Learning to Die in the Anthropocene. Mi única pega sería que trata con suma benevolencia a Nietzsche: se centra en una parte del “Nietzsche intermedio” (el de La gaya ciencia) y obvia el Nietzsche que vino después, y que es espantoso. Pero en fin, cada cual da sentido como puede -también idealizando a sus héroes filosóficos…

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Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017

sábado, 20 de enero de 2018

LUJOSA POBREZA, MATERIALISMO POÉTICO Y REENCANTAMIENTO CIVILIZATORIO: LAS PROPUESTAS DE EMILIO SANTIAGO MUÍÑO


Entre el hedonismo homicida que alimenta la expansión militar capitalista y la frugalidad mortificante que algunos conciben como alternativa sólo hay un camino posible: buscar la austeridad en el consumo de energía y materiales y buscar, complementariamente, la abundancia de tiempo, de relaciones sociales, de sentidos significativos, de experiencias maravillosas. Esto desborda con mucho una mera cuestión biográfica. Por ejemplo, interesantes experiencias de comunidades pos-capitalistas fracasan por quedar enfangadas en la supervivencia sin más. En este sentido, incluso un predicador del esfuerzo y enemigo declarado de las borracheras como Félix Rodrigo Mora se ha dado cuenta que no sólo de levantar la piedra vive Sísifo, y se lanza a la defensa del erotismo y la poesía en unas palabras que, sustituyendo algunos términos a mi juicio inapropiados, podrían ser asumidas por cualquier revolucionario de la vida cotidiana: “en unos tiempos de bajo tono vital y depresión, cuando el sujeto medio se siente apático e incluso exhausto, necesitamos retomar dos de las expresiones capitales de lo humano, la estética y la erótica, para euforizar nuestras vidas, haciéndolas poderosas y magníficas”.
Pero ser capaces de construir una idea de vida buena, incluso de vida en plenitud, basada en unos votos colectivos de lujosa pobreza es mucho más que un reto personal o comunitario. Es, exactamente, la disputa que determinará el futuro del mundo. Si no somos capaces de proponer un proyecto revolucionario en el que la reducción del consumo energético y material sea una aventura excitante, los imaginarios colectivos bascularán hacia soluciones totalitarias, que prometan conservar algo de la opulencia perdida por el ecocidio, aunque sea al precio de desatar el genocidio. (…)
La reivindicación surrealista de la poesía implica una redefinición que rompe con el uso común del término poético: la poesía desborda con mucho el poema para hacer referencia a un modo de estar en el mundo. Se entiende así  por poesía toda acción que tienda a dignificar y elevar la vida del ser humano, desplegando lo mejor de su condición. La poesía se realiza en el cumplimiento del deseo concreto, en el recentramiento la experiencia, y se siente como disfrute de la soberanía vital. También en el contacto con lo maravilloso, esa cualidad de ciertos fenómenos del mundo que producen un lapsus de admiración, por pérdida en la extensión de la realidad y una vivencia de la plenitud (Mumford). Desde estas coordenadas, la poesía puede manifestarse entonces en formas potencialmente infinitas: en el amor, en la amistad, callejeando, en un disturbio, en la pereza robada y en el esfuerzo querido, o también en un poema, una canción o un postre. La poesía se da en todas las épocas y en todas las circunstancias y es irreductible ante cualquier alienación, porque está en su esencia ser un fin en sí misma, y por tanto algo inútil en términos instrumentales.
La poesía así entendida es algo común: lo poético es una experiencia que todo ser humano puede tener, tiene o ha tenido, sin excepción. Frente a la concepción aristocrática que subyace a la cosmovisión artística que atraviesa todo nuestro sistema cultural, la poesía como objetivo y como mito social prefigura un sistema cultural completamente distinto: el comunismo del genio.
Arraigar la poesía como contenido de civilización es una tarea que exigirá un largo proceso de clarificación, hoy todavía en fase de balbuceo en la boca de muchos revolucionarios en todo el planeta, y que en el Grupo Surrealista de Madrid hemos denominado materialismo poético. El materialismo poético no será una doctrina cerrada, sino un proceso de cabotaje teórico (en base a ciertas prácticas concretas) así como una reflexión sobre las condiciones de su contagio. Y por supuesto su destino es no ser más que un pequeño afluente que se pierda en el caudal majestuoso y fértil (Lautréamont) de la revolución.
Emilio Santiago Muíño, “Colapso capitalista y reencantamiento civilizatorio: notas para pensar la contribución histórica del materialismo poético”, Salamandra 21-22, Madrid 2014.

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Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017


viernes, 19 de enero de 2018

¿Qué hacemos frente al mal?



Albert Camus, y nada menos que tras la atroz carnicería de la segunda guerra mundial y el horror indecible de la Shoa, escribió que pese a todo “hay en los seres humanos más cosas dignas de admiración que de desprecio”. Esto nos remiten a una cuestión fundamental: ¿qué hacemos frente al mal?

Hay poca gente malvada (en términos de psicopatía, por ejemplo, apenas una de cada cien personas): neutralizarlos no debería ser difícil. Eso nos explica Tobeña, investigador de tales asuntos: “Los psicópatas bien caracterizados (…) oscilan entre el 1% y el 1’5% de la población.”[1]

¿Y el resto de la gente, las y los “normales”? Bueno, según diversas investigaciones entre el 20 y el 30% de la gente incurre en conductas antisociales cuando puede hacerlo. Otro 20-30% no lo hace nunca, y respeta siempre las normas, incluso cuando los demás no lo hacen. Y entremedias un 40-60% respeta las normas o se las salta en función del contexto: “En entornos donde todo indica que predomina el cumplimiento cívico de las normas se avienen a ello con prontitud, pero si hay señales claras de que lo que impera es el escaqueo, la desobediencia y la transgresión, se apuntan a las conductas antisociales y no cooperadoras.”[2]

Pero aunque existan muy pocas personas de verdad malvadas, hay verdaderas masas de personas indiferentes, insensibles a las consecuencias de sus acciones, omisiones y modos de vida más allá del círculo cercano. Eso es lo que nos conduce a la catástrofe. Escribía yo hace años (en mi “diario de trabajo” Bailar sobre una baldosa): un asunto al que concedo cada vez más importancia es la dimensión pedagógica del poder. Los dirigentes pueden ser modelos o antimodelos, pero lo que hacen (y no hacen) tiene siempre ese valor de referencia para su sociedad, esa inesquivable dimensión pedagógica. Se puede gobernar intentando que la gente dé lo mejor de sí misma, “tirando hacia arriba”; o se puede “tirar hacia abajo”, apoyándose sobre los instintos más viles.

En ambos casos, se ponen en marcha procesos de aprendizaje que se autorrefuerzan, con una dinámica propia. En ambos casos, la importancia de los valores y disvalores mostrados desde las posiciones de liderazgo es muy grande. La cuestión (volviendo a las cifras de Tobeña) es qué hacemos con esa mitad (o hasta dos tercios) de la gente que está en posiciones morales cercanas a la indiferencia: si tiramos de esas personas hacia arriba, o hacia abajo.

El ejemplar Nelson Mandela lo tenía claro: “Siempre he sabido que en lo más profundo del corazón del hombre residían la misericordia y la generosidad”.[3] Hay que apostar por la misericordia y la generosidad –aunque sólo sea una chispa sepultada en el corazón humano: apostar por lo improbable- y darle ocasiones para crecer. “Trata a las gentes como si fuesen lo que deberían ser, y les ayudarás a convertirse en lo que son capaces de ser”, dijo en cierta ocasión Goethe. Tal era también la posición de Albert Camus.





[1] Adolf Tobeña, Neurología de la maldad, Plataforma ed., Barcelona 2017, p. 39.
[2] Tobeña, Neurología de la maldad, op. cit., p. 31.
[3] Citado en Tzvetan Todorov, Insumisos, Galaxia Gutenberg, Barcelona 2016, p. 166.



Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017


jueves, 18 de enero de 2018

¿Dónde estamos?






Julio y agosto de 2016, y julio de 2017, han sido los meses más cálidos en el planeta Tierra desde que hay registros (1880).[1] El año 2016, en su conjunto, fue más cálido que ha experimentado la Tierra desde que empezaron esos registros hace 137 años, según confirmó la Agencia Nacional de Océanos y Atmósfera (NOAA) de EE.UU. en agosto de 2017.[2] En 2015, por primera vez, la temperatura promedio de la superficie de la Tierra superó un grado centígrado de aumento con respecto a la época preindustrial.[3] En 2016 rebasamos las 400 ppm de dióxido de carbono en la atmósfera (descontando las subidas y bajadas estacionales);[4] el límite de seguridad, como se sabe, está en torno a las 350 ppm.

Y 2014 fue el primer año, a lo largo de toda la era industrial, en que la disponibilidad de energía primaria per cápita disminuyó con respecto al año anterior[5] (exceptuando shocks del petróleo exógenos como el de 1973-74). Vamos hacia el cénit conjunto de todas las fuentes energéticas no renovables en el decenio de 2030 (si no antes).[6] Por lo demás, lo estamos experimentando durante estos años últimos en España: nuestro consumo de energía primaria ha bajado del máximo histórico en 2005 y 2006, 145 millones de TEP, a 125 millones en 2015 (datos oficiales del MINETUR). Podríamos consolarnos normalizando la situación y achacando este descenso sólo a la crisis económica si ésta y la crisis de recursos no fuesen interdependientes… lo que no es el caso. De la energía disponible para una sociedad depende casi todo lo demás. La energía es “el pilar de las economías humanas”, hallándose estrechamente correlacionado el PIB con la utilización de energía primaria (o energía final).[7] Esta correlación energía-crecimiento es extremadamente fuerte, sobre todo en el largo plazo y a escala mundial, como demuestran los estudios del economista francés Gaël Giraud.[8]

Estas dos dinámicas –calentamiento climático y escasez creciente de energía y materiales, en un contexto de rápido empobrecimiento de la biosfera— están determinando ya, y van a hacerlo de forma mucho más intensa, el destino de los seres humanos en el siglo XXI –que hace tiempo yo vengo llamando el Siglo de la Gran Prueba. Nuestro futuro –no a siglos vista, sino a lustros vista- es “apocalíptico”: nos lo dicen científicos de la NASA de primerísimo nivel como James Hansen.[9]

Nos hallamos probablemente ante las mayores discontinuidades en la historia de la especie humana. El siglo XXI se parecerá poco a lo que hemos conocido antes –y los riesgos son inmensos. “No sabemos qué mundo van a heredar nuestros hijos, pero ya no podemos seguir engañándonos con la suposición de que se parecerá al nuestro”, advertía Tony Judt.[10]





[1] Agosto de 2015 había sido el mes más cálido en el planeta Tierra desde que hay registros (1880), según la Administración Nacional para el Océano y la Atmósfera de EEUU, que hizo público este dato el 17 de septiembre de 2015; luego fue superado por julio de 2016. Véase Oliver Milman, “NASA: Earth is warming at a pace 'unprecedented in 1.000 years' “, The Guardian, 30 de agosto de 2016; https://www.theguardian.com/environment/2016/aug/30/nasa-climate-change-warning-earth-temperature-warming
Enero de 2016 ha sido el primer mes del año más cálido desde que hay registros, y luego continúa esa pauta de temperaturas récord en febrero, marzo, abril, mayo... hasta completar once de doce meses que han batido todos los récords históricos de temperatura a partir de octubre de 2015. May goes down as Earth's hottest on record: NASA”, 14 de junio de 2016; http://phys.org/news/2016-06-earth-hottest-nasa.html . Véase también https://www.theguardian.com/environment/2016/jun/14/may-marks-one-more-record-hot-month-for-the-world y https://www.theguardian.com/environment/2016/oct/18/2016-locked-into-being-hottest-year-on-record-nasa-says
En cuanto a julio de 2017, véase el análisis de la NASA en https://climate.nasa.gov/news/2618/july-2017-equaled-record-july-2016/
[2] Esa conclusión figura en el vigésimo séptimo informe Estado del clima, liderado por científicos de la NOAA y basado en contribuciones de más de 450 científicos de cerca de 60 países. Véase https://www.climate.gov/news-features/understanding-climate/state-climate-highlights/2016
[3] Anuncio de la Oficina de Meteorología del Reino Unido, el 9 de noviembre de 2015. Véase http://internacional.elpais.com/internacional/2015/11/09/actualidad/1447066103_999102.html
[4] El fenómeno climático de El Niño (que eleva la temperatura de la superficie de las zonas central y oriental del océano Pacífico ecuatorial, lo cual calienta y seca los ecosistemas tropicales, reduciendo su absorción de carbono y exacerbando los incendios forestales) dio un impulso adicional a las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono causadas por el ser humano, con lo que 2016 fue el año en que se superaron las 400 partes por millón durante todo el año en el registro histórico de la estación de Mauna Loa (Hawai), creado en 1958. Véase Richard A. Betts y otros, “El Niño and a record CO2 rise”, Nature Climate Change (2016), publicado en la red el 13 de junio de 2016, doi:10.1038/nclimate3063; http://www.nature.com/nclimate/journal/vaop/ncurrent/full/nclimate3063.html
[5] “En 2014, como destaca el informe anual de BP, la producción [de energía] ha aumentado solo el 0,9%, un hecho insólito fuera de períodos sin crisis económica grave. (…) Este aumento del 0,9% está por debajo del de la población mundial, lo que se traduce en una menor disponibilidad energética per cápita, un probable cambio de tendencia secular…” Juan Carlos Barba, “Hemos chocado con el iceberg y aún no nos hemos enterado”, blog “El gráfico de la semana” en El Confidencial, 19 de junio de 2015; http://blogs.elconfidencial.com/economia/grafico-de-la-semana/2015-06-19/hemos-chocado-con-el-iceberg-y-aun-no-nos-hemos-enterado_892175/
                Véase también Gail Tverberg, “World GDP in current US dollars seems to have peaked; this is a problem”, en su blog Our finite world, 14 de agosto de 2017; https://ourfiniteworld.com/2017/08/14/world-gdp-in-current-us-dollars-seems-to-have-peaked-this-is-a-problem/ . La autora observa: “Sorprendentemente, este pico de consumo ocurrió antes de que los precios del petróleo y otros precios de la energía se derrumbaran, a partir de mediados de 2014. Con estos precios más bajos, normalmente pensaríamos que los consumidores podrían permitirse comprar más bienes energéticos por persona, no menos. El consumo de energía per cápita debería aumentar con precios más bajos, a menos que la razón de la caída de los precios sea un problema de asequibilidad [affordability]. Si la caída de los precios refleja un problema de asequibilidad (los salarios de la mayoría de los trabajadores no son lo suficientemente altos para comprar los bienes y servicios hechos con productos energéticos, como hogares y automóviles), entonces esperaríamos el patrón que estamos viendo hoy: bajos precios de la energía, junto con la caída del consumo per cápita”.
[6] Emilio Santiago Muiño, No es una estafa, es una crisis (de civilización); Enclave de Libros, Madrid 2015, capítulos 6 y 7.
[7] Nathan John Hagens, “La energía como pilar de las sociedades humanas”, en La situación del mundo 2015 (Un mundo frágil), Icaria, Barcelona 2015, p. 45-49.
[8] Giraud defiende que puede demostrarse empíricamente que la sensibilidad del PIB ante la variación del consumo de energía no es el 10%, como señalan la teoría económica estándar, sino del 60%. Una interesante entrevista con este economista en http://crashoil.blogspot.com.es/2014/05/entrevista-gael-giraud.html
[9] James Hansen, “Game over for the climate”, New York Times, 9 de mayo de 2012.
[10] Tony Judt, Ill Fares the Land (2010), traducido al español con el título Algo va mal; citado en Ricardo Almenar, El fin de la expansión, Icaria, Barcelona 2011, p. 139.




 Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017

Fotografía: Carmen Lourdes Fernández de Soto


miércoles, 17 de enero de 2018

TODOS SOMOS JUDÍOS ALEMANES




“Todos somos judíos alemanes”, decía uno de los lemas solidarios del mayo francés de 1968.

Todos somos recién llegados.

Todos somos leves transeúntes (aunque nos soñemos héroes inmortales).

Todos somos extranjeros en casi todas partes (otro lema solidario, en este caso leído en la República Federal Alemana en los años ochenta).

Todos somos animales extraviados.

Todos somos simios averiados, vasijas resquebrajadas.

Todos somos potenciales cuidadores y potenciales torturadores.

Todos y todas hablamos en sueños.

Todos somos seres desvalidos; podemos imaginar tener una misión, pero en el mejor de los casos nos inventamos buenas tareas.

Todos somos Homo narrans y Homo demens.

Todos somos huérfanos.

Todas y todos somos mortales.


Jorge Riechmann. ¿Vivir como buenos huérfanos? Ensayos sobre el sentido de la vida en el Siglo de la Gran Prueba. Ed. Catarata, 2017